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UN ATAQUE ESPERADO CON UNA ESTRATEGIA INESPERADA: GEORGE ANSON Y LA CAPTURA DE UN GALEÓN DE MANILA

Capturado en 1743 en Filipinas, el galeón Nuestra Señora de la Covadonga fue llevado a Inglaterra como botín más preciado en una rivalidad marítima que enfrentó ingleses y españoles durante siglos.


Guadalupe Pinzón

Universidad Nacional Autónoma de México | GEOPAM


Imagen procedente de la obra A voyage round the world, in the years 1740-44, by George Anson... Compiled from his papers and materials by Richard Walter, Londres, 1748,

cortesía de la John Carter Brown Library.



En el horizonte marítimo se alcanzaba a ver el perfil costero de la isla de Sámar, lo que indicaba a los tripulantes del galeón Nuestra Señora de la Covadonga que su nave estaba a punto de acercarse al embocadero de San Bernardino. Desde allí podrían ya transitar por el interior del archipiélago filipino hasta alcanzar Manila y, por fin, terminar su travesía desde la remota Nueva España (México). Había sido un viaje enmarcado por el latente temor de algún ataque enemigo, pues entonces, durante la guerra que había entre España e Inglaterra (conocida como guerra del Asiento o de la Oreja de Jenkins), los ingleses habían arremetido varias veces contra embarcaciones y puertos hispanos.


Esos ataques formaban parte de un largo proceso, en el que los navegantes ingleses incrementaron su presencia en el Mar del Sur o Pacífico. Un momento importante de esos avances ocurrió cuando el inglés Henry Morgan (c. 1635-1688) con sus huestes provenientes de Jamaica, saqueó Portobelo y Panamá entre 1668 y 1671. Desde allí los ingleses iniciaron una serie de ataques por las costas centroamericanas y peruanas, que resultaron en la obtención de diversos botines, incluyendo plata proveniente de Potosí. Y aún cuando se firmó la Paz de Madrid en 1670 y los ingleses desocuparon esas plazas, el interés por repetir tales expediciones llevó a que en 1680 se lanzara una nueva ola de ataques bucaneros. Sus aventuras son famosas porque los mismos tripulantes hicieron diarios de navegación donde describían las zonas recorridas y ensalzaban su participación en aquellas. Y aunque inicialmente esos viajes se proyectaban hacia las costas de Centroamérica y Perú, pronto sus intereses se expandieron a las novohispanas pues por ellas transitaba una ruta cuyas embarcaciones se distinguían por la riqueza de sus cargamentos: los Galeones de Manila. Esas naves, que desde el siglo XVI conectaban a Filipinas y Nueva España, también eran conocidas porque un siglo antes, en 1587, el inglés Thomas Cavendish (1560-1592) capturó al galeón Nuestra Señora de Santa Ana frente a las costas de la California. Y la nueva ola de bucaneros se interesó en repetir dicha hazaña, por lo que navegantes como William Dampier (1651-1715) narraron en sus diarios las regiones por las que los galeones pasaban o bien donde se les podía esperar para capturarlos.


Al iniciar el siglo XVIII, en el marco de la Guerra de Sucesión Española, Inglaterra volvió a aprovechar el conflicto para ordenar nuevas incursiones y ataques a lo largo del Pacífico. Para ello, echó mano incluso de aquellos bucaneros que antes habían incursionado en ese mar. Entre las nuevas instrucciones a seguir se incluyó la captura de los Galeones de Manila. Eso explica que en 1708 una expedición inglesa, comandada por Woodes Rogers y su piloto Dampier, lograra por segunda vez la captura de un Galeón de Manila frente a las costas de la California. La hazaña sería retomada en los objetivos de nuevas expediciones, como fue el caso que nos ocupa, de la expedición que comandó George Anson (1697-1762) entre 1740 y 1744.


Ese viaje inicialmente tenía como objetivo capturar Panamá para que, tras tomar también Portobelo, los ingleses pudieran conectar sus redes atlánticas a las de los mares asiáticos. Pero ese plan no se logró. En principio la expedición de Anson salió con retraso y mal preparada, por lo que al entrar al Pacífico su tripulación se había reducido considerablemente y sus naves no estaban en condiciones de continuar la navegación. Así pues, tuvieron que parar en las islas Juan Fernández para que los sobrevivientes se recuperaran y se hicieran reparaciones a las naves con las que aún contaban. La expedición continuó, pero Anson pronto se enteró de que los ingleses que habían capturado Portobelo ya se habían retirado, de manera que su siguiente destino fueron las costas de la Nueva España. Para su mala suerte, el Galeón de Manila había llegado a Acapulco antes que los ingleses, así que, aunque esperaron su salida, las autoridades novohispanas decidieron no enviar al galeón de regreso. A los ingleses no les quedó más remedio que retirarse de las costas novohispanas y dirigirse a las asiáticas. Luego de parar en las islas Marianas, donde tomaron algunos prisioneros y se reabastecieron de agua y alimentos, continuaron el viaje a las costas chinas, donde, tras diversas negociaciones lograron que su embarcación, el HMS Centurion, fuese reparado. Así, decepcionados de una expedición accidentada, todos sus esfuerzos se volvieron a concentrar en la captura del galeón. Pero esta vez, frente a las costas de Filipinas.


Los ingleses apostaron el Centurion frente a la entrada del embocadero del Espíritu Santo para esperar la llegada de su ansiada presa. Pero la tripulación del galeón Nuestra Señora de la Covadonga sabía de su paso por las Marianas y por tanto estaba al tanto de lo mermada que iba la tripulación inglesa y lo maltrecha que estaba su embarcación. Además, la nave inglesa era de menores dimensiones que la Covadonga, por lo que no parece que los españoles tuvieran demasiado temor de que los ingleses pudieran rendir al galeón filipino.


No obstante su pequeña nave, los ingleses se prepararon para dicho ataque. Es verdad que su tripulación era reducida y contaban con pocas reservas de pólvora y balas, así que tuvieron que adecuar sus fuerzas y estrategias. Por ejemplo, si un cañón usualmente requería una docena de hombres para ser disparado constantemente, ellos sólo pudieron preparar a siete u ocho, muchos de los cuales eran jóvenes que habían iniciado la travesía como pajes. Además, hubo que preparar a los marinos para disparar mosquetes desde posiciones altas, pues en ellos recaería el principal ataque programado.


Así, en el horizonte marítimo los ingleses avistaron la nave española, que a su vez los detectó. Ambas naves prepararon su artillería. Según el relato de la travesía, redactado a partir de los papeles de Anson por Benjamin Robins, oficial ingeniero del Centurion, y publicado por Richard Walter, capellán de la embarcación, la tripulación inglesa estaba muy motivada, siendo esta su última posibilidad de obtener algún triunfo. El 20 de junio de 1743, ambas naves se enfrentaron por fin frente a las costas de Filipinas. El Centurion se situó para poder disparar sus cañones de proa y el galeón hispano hizo lo propio desde la popa. Las menores dimensiones de la nave inglesa le permitieron alcanzar al galeón y posicionarse a su costado, desde donde comenzó el ataque más intenso. Los mejores tiradores, seleccionados previamente, habían sido ubicados en partes altas, como las cofas. De ahí dispararon sin parar sobre oficialidad y artilleros hispanos. Pronto las bajas del galeón fueron evidentes y, sobre todo, el ataque les había resultado sorpresivo. Varios hombres terminaron escondiéndose y, cuando el comandante del galeón fue herido y llevado bajo cubierta, la defensa se desmoronó rápidamente. Hora y media después de iniciar el combate, el galeón se rindió ante las fuerzas inglesas.


La imagen que hoy les presento da cuenta de ese proceso en el que la nave inglesa, de menor tamaño, fue la que más disparó al posicionarse a la altura de la española. Su actividad se ve en el hecho de estar más rodeada de humo, al ser el principal punto desde donde se disparó la artillería. Y al fondo, la isla de Sámar señala la entrada al estrecho del Espíritu Santo, por el que el galeón Nuestra Señora de la Covadonga nunca logró transitar. En cambio, los ingleses transportaron a esta nave a las costas chinas para hacerle los arreglos suficientes que le permitieron ser llevada a Inglaterra como un trofeo que recordaba la captura del “botín más preciado”. Además de las enormes pérdidas humanas y materiales resultantes de la expedición de Anson, al final ésta también representó una importante derrota para la monarquía hispana, ampliamente recordada y registrada en textos e imágenes diversas.




Sobre la autora


Soy mexicana, doctora en Historia e interesada en temas de viajes y aventuras marítimas. Comencé mi tesis de licenciatura estudiando un barco encallado en Veracruz y las historias de varios de los trabajadores me llevaron a seguirlos y descubrir sus diversas movilidades, lo que incrementó mi curiosidad para continuar con temas relacionados con puertos, barcos, narraciones de viaje y cartografía que hacía referencia a los espacios recorridos. A lo largo del tiempo me ha interesado fomentar el estudio sobre Historia Marítima. Y aunque me encantan los viajes, confieso que los hecho más a través de papeles que en la realidad. Me encuentras en Facebook, Twitter, o en mi correo gpinzon@unam.mx.







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